Abierto el plazo de las nuevas convocatorias

La IA no hace menos importante saber Derecho. Hace más importante saber qué hacer con él

Durante años, buena parte del aprendizaje de la abogacía se construyó haciendo.

Revisando contratos. Buscando jurisprudencia. Preparando documentos. Observando cómo una persona con más experiencia afrontaba un asunto. Repitiendo hasta desarrollar algo que no aparece en ningún manual: criterio.

La inteligencia artificial está empezando a alterar ese proceso.

En la mesa Profession, Technology and the Ethics of Legal Work, celebrada en GLTHDAY, la conversación se alejó rápidamente de una pregunta ya bastante superada —si la IA transformará o no la profesión jurídica— para entrar en otra mucho más interesante: qué capacidades necesitará quien ejerza el Derecho cuando una parte creciente del trabajo pueda realizarse con ayuda de máquinas. Glthub DAY

Y surgió una aparente paradoja.

Cuanto más capaz sea la tecnología, más importante será aquello que la tecnología no puede aportar por sí sola.

Saber Derecho sigue siendo el punto de partida

Rafael Fontana lo planteó desde el comienzo: el conocimiento profundo del Derecho continúa siendo la primera condición.

A ese conocimiento jurídico se suman ahora nuevas capacidades: comprender cómo funcionan las herramientas, trabajar con ellas, cuestionar sus respuestas, adaptarse, crear y mantener siempre presente la dimensión ética de la profesión. 

La diferencia no estará, por tanto, entre profesionales que utilizan IA y profesionales que no lo hacen. Estará entre quienes puedan utilizarla con criterio y quienes deleguen ese criterio en ella.

La IA puede aumentar la productividad sin aumentar el aprendizaje

Uno de los puntos más interesantes de la conversación apareció al hablar de los perfiles junior.

La IA permite producir más y hacerlo más rápido. Pero esa aceleración introduce un problema: algunas de las tareas mediante las que tradicionalmente se aprendía el oficio pueden desaparecer o reducirse.

Durante la mesa se señaló precisamente esta diferencia: profesionales con experiencia pueden utilizar la IA y evaluar mejor sus resultados porque ya disponen del conocimiento con el que contrastarlos. Para alguien que todavía está construyendo ese criterio, apoyarse demasiado pronto en la respuesta de la herramienta puede reducir parte del aprendizaje que antes se producía durante el proceso.

Eso obliga a replantear tanto la formación externa como la formación dentro de despachos y departamentos jurídicos. No basta con proporcionar acceso a una herramienta.

Hay que enseñar a pensar con ella.

Sustancia antes que forma

Teresa Rodríguez-de-las-Heras resumió parte del cambio educativo en tres desplazamientos especialmente relevantes: sustancia frente a forma, calidad frente a cantidad e ideas frente a narrativa.

La IA ya es extraordinariamente competente generando forma, cantidad y narrativa.

Precisamente por eso, la aportación humana debe desplazarse hacia aquello que exige comprensión, razonamiento y capacidad de decisión. 6 oct a las 12-35

También señaló otro riesgo: los modelos tienden a amplificar y homogeneizar la información existente. De ahí la importancia de desarrollar pensamiento crítico, autonomía intelectual y capacidad para discrepar razonadamente. 6 oct a las 12-35

No se trata únicamente de aprender a obtener una buena respuesta.

Se trata de saber cuándo esa respuesta no es suficiente.

De usar IA a gobernarla

Este cambio también modifica qué significa estar preparado para incorporar IA a una organización jurídica.

Saber utilizar ChatGPT, Claude o una plataforma Legal Tech será cada vez menos diferencial. Lo relevante será poder decidir dónde utilizarla, con qué datos, bajo qué controles, en qué procesos y con qué responsabilidad.

Ese es precisamente uno de los cambios que ya se está produciendo en los departamentos legales: el reto no es simplemente conocer la IA, sino integrarla en su modelo operativo sin comprometer seguridad, compliance, eficiencia o cultura. 

El profesional empieza así a asumir un papel distinto.

No solo ejecuta trabajo jurídico. También puede rediseñar procesos, evaluar tecnología, supervisar resultados, establecer mecanismos de validación y coordinarse con perfiles tecnológicos y de negocio.

El futuro del Derecho necesita más Derecho, no menos

Probablemente esta sea una de las conclusiones más interesantes de la conversación.

La IA no convierte el conocimiento jurídico en algo prescindible. Hace que resulte todavía más importante saber interpretar, contextualizar y decidir.

Y obliga a incorporar nuevas competencias alrededor de ese conocimiento: tecnología, pensamiento crítico, ética, gestión del riesgo, gobierno del dato, automatización y transformación de procesos.

Por eso formar a profesionales del Derecho para este nuevo escenario no puede consistir solamente en enseñarles qué herramientas existen hoy. Las herramientas cambiarán.

La capacidad de entenderlas, cuestionarlas, integrarlas y gobernarlas será mucho más duradera.

Y quizá ahí esté una de las mejores definiciones del jurista que viene: alguien capaz de utilizar todo el potencial de la tecnología sin renunciar a aquello que precisamente le corresponde decidir como profesional.

En The Bridge hemos diseñado el Máster de IA aplicada a Legal precisamente desde esa lógica: aprender haciendo y trabajar sobre procesos jurídicos reales, combinando IA generativa, Legal Operations, automatización, Legal Tech, gobernanza y transformación del área jurídica. El objetivo no es aprender un catálogo de herramientas, sino desarrollar la capacidad para aplicarlas, evaluarlas y liderar su implantación en un entorno profesional.

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Durante años, buena parte del aprendizaje de la abogacía se construyó haciendo.

Revisando contratos. Buscando jurisprudencia. Preparando documentos. Observando cómo una persona con más experiencia afrontaba un asunto. Repitiendo hasta desarrollar algo que no aparece en ningún manual: criterio.

La inteligencia artificial está empezando a alterar ese proceso.

En la mesa Profession, Technology and the Ethics of Legal Work, celebrada en GLTHDAY, la conversación se alejó rápidamente de una pregunta ya bastante superada —si la IA transformará o no la profesión jurídica— para entrar en otra mucho más interesante: qué capacidades necesitará quien ejerza el Derecho cuando una parte creciente del trabajo pueda realizarse con ayuda de máquinas. Glthub DAY

Y surgió una aparente paradoja.

Cuanto más capaz sea la tecnología, más importante será aquello que la tecnología no puede aportar por sí sola.

Saber Derecho sigue siendo el punto de partida

Rafael Fontana lo planteó desde el comienzo: el conocimiento profundo del Derecho continúa siendo la primera condición.

A ese conocimiento jurídico se suman ahora nuevas capacidades: comprender cómo funcionan las herramientas, trabajar con ellas, cuestionar sus respuestas, adaptarse, crear y mantener siempre presente la dimensión ética de la profesión. 

La diferencia no estará, por tanto, entre profesionales que utilizan IA y profesionales que no lo hacen. Estará entre quienes puedan utilizarla con criterio y quienes deleguen ese criterio en ella.

La IA puede aumentar la productividad sin aumentar el aprendizaje

Uno de los puntos más interesantes de la conversación apareció al hablar de los perfiles junior.

La IA permite producir más y hacerlo más rápido. Pero esa aceleración introduce un problema: algunas de las tareas mediante las que tradicionalmente se aprendía el oficio pueden desaparecer o reducirse.

Durante la mesa se señaló precisamente esta diferencia: profesionales con experiencia pueden utilizar la IA y evaluar mejor sus resultados porque ya disponen del conocimiento con el que contrastarlos. Para alguien que todavía está construyendo ese criterio, apoyarse demasiado pronto en la respuesta de la herramienta puede reducir parte del aprendizaje que antes se producía durante el proceso.

Eso obliga a replantear tanto la formación externa como la formación dentro de despachos y departamentos jurídicos. No basta con proporcionar acceso a una herramienta.

Hay que enseñar a pensar con ella.

Sustancia antes que forma

Teresa Rodríguez-de-las-Heras resumió parte del cambio educativo en tres desplazamientos especialmente relevantes: sustancia frente a forma, calidad frente a cantidad e ideas frente a narrativa.

La IA ya es extraordinariamente competente generando forma, cantidad y narrativa.

Precisamente por eso, la aportación humana debe desplazarse hacia aquello que exige comprensión, razonamiento y capacidad de decisión. 6 oct a las 12-35

También señaló otro riesgo: los modelos tienden a amplificar y homogeneizar la información existente. De ahí la importancia de desarrollar pensamiento crítico, autonomía intelectual y capacidad para discrepar razonadamente. 6 oct a las 12-35

No se trata únicamente de aprender a obtener una buena respuesta.

Se trata de saber cuándo esa respuesta no es suficiente.

De usar IA a gobernarla

Este cambio también modifica qué significa estar preparado para incorporar IA a una organización jurídica.

Saber utilizar ChatGPT, Claude o una plataforma Legal Tech será cada vez menos diferencial. Lo relevante será poder decidir dónde utilizarla, con qué datos, bajo qué controles, en qué procesos y con qué responsabilidad.

Ese es precisamente uno de los cambios que ya se está produciendo en los departamentos legales: el reto no es simplemente conocer la IA, sino integrarla en su modelo operativo sin comprometer seguridad, compliance, eficiencia o cultura. 

El profesional empieza así a asumir un papel distinto.

No solo ejecuta trabajo jurídico. También puede rediseñar procesos, evaluar tecnología, supervisar resultados, establecer mecanismos de validación y coordinarse con perfiles tecnológicos y de negocio.

El futuro del Derecho necesita más Derecho, no menos

Probablemente esta sea una de las conclusiones más interesantes de la conversación.

La IA no convierte el conocimiento jurídico en algo prescindible. Hace que resulte todavía más importante saber interpretar, contextualizar y decidir.

Y obliga a incorporar nuevas competencias alrededor de ese conocimiento: tecnología, pensamiento crítico, ética, gestión del riesgo, gobierno del dato, automatización y transformación de procesos.

Por eso formar a profesionales del Derecho para este nuevo escenario no puede consistir solamente en enseñarles qué herramientas existen hoy. Las herramientas cambiarán.

La capacidad de entenderlas, cuestionarlas, integrarlas y gobernarlas será mucho más duradera.

Y quizá ahí esté una de las mejores definiciones del jurista que viene: alguien capaz de utilizar todo el potencial de la tecnología sin renunciar a aquello que precisamente le corresponde decidir como profesional.

En The Bridge hemos diseñado el Máster de IA aplicada a Legal precisamente desde esa lógica: aprender haciendo y trabajar sobre procesos jurídicos reales, combinando IA generativa, Legal Operations, automatización, Legal Tech, gobernanza y transformación del área jurídica. El objetivo no es aprender un catálogo de herramientas, sino desarrollar la capacidad para aplicarlas, evaluarlas y liderar su implantación en un entorno profesional.