Abierto el plazo de las nuevas convocatorias

La IA no sólo ha hecho que los ataques sean más rápidos. Ha hecho que más personas sean capaces de ejecutarlos.

Datos de referencia: Fortinet — «2025 Global Cybersecurity Skills Gap Report» (1.850 decisores en 29 países) y «2026 State of Cloud Security Report» (1.163 líderes de ciberseguridad a nivel mundial).

Hay una narrativa que se repite en casi todos los informes de ciberseguridad que he leído en los últimos meses: la IA permite a los atacantes moverse más rápido que las defensas humanas.

Es una frase que suena bien y que técnicamente tiene parte de verdad. Pero creo que apunta al síntoma equivocado. Y que mientras sigamos enfocándonos en la velocidad, vamos a seguir formando profesionales para el problema de ayer.

Lo que ha cambiado realmente

Los scanners de vulnerabilidades existen desde los años noventa. El fuzzing automatizado, los exploits en cadena, las herramientas que mapean superficies de ataque a gran escala — nada de eso es nuevo. La automatización ofensiva lleva décadas con nosotros. Si el problema fuera solo la velocidad, ya lo habríamos visto venir mucho antes.

Lo que me parece más interesante preguntarse — y más honesto — es qué ha cambiado realmente.

Durante mucho tiempo, la sofisticación de un ataque dependía directamente de la sofisticación del atacante. Identificar un XSS basado en DOM requería entender el flujo de datos en el frontend, conocer qué funciones son peligrosas, saber dónde mirar. Encadenar una mala configuración de permisos con un token de scope excesivo para construir un vector de ataque real requería experiencia acumulada, no solo herramientas. Leer código mal ofuscado y entender qué hace era una habilidad que se tardaba años en desarrollar.

Esa distancia entre el atacante amateur y el atacante capaz era, en la práctica, una de las defensas reales del ecosistema. No la única, pero sí una significativa.

La IA ha comprimido esa distancia. No porque automatice el ataque en sí, sino porque democratiza el razonamiento técnico detrás de él. Alguien que antes no habría sabido por dónde empezar ahora puede construir ese razonamiento con ayuda. Y eso cambia el perfil de amenaza de una forma que los dashboards de velocidad de respuesta no capturan bien.

Los informes de Fortinet lo reflejan en los datos aunque no siempre lo nombren así: el 86% de las organizaciones sufrió al menos una brecha en 2024, con un 28% reportando cinco o más. Es un incremento significativo desde 2021. Y la causa que más organizaciones citan no es la sofisticación técnica del atacante. Es la falta de formación interna — citada por el 54%.

El otro lado del péndulo

Hay un segundo efecto que creo que merece más atención de la que recibe, y que el Fortinet 2026 Cloud Security Report empieza a documentar sin nombrarlo completamente.

La misma tecnología que facilita atacar también facilita construir. Y construir sin criterio de seguridad.

Hoy es posible desplegar una aplicación en producción con herramientas generativas sin tener una comprensión real de lo que se ha generado, de cómo funciona, ni de cómo validarlo desde un punto de vista de seguridad. El informe de 2026 señala que las malas configuraciones, los permisos excesivos, las identidades no gestionadas y las llamadas API no monitorizadas son ahora las principales causas de brechas cloud. No sólo los zero-days. 

El resultado es más superficie atacable, gestionada por personas con menos contexto sobre seguridad.

No es un fenómeno nuevo. Es el péndulo de siempre: la tecnología avanza más rápido que la madurez colectiva para usarla con criterio. Ocurrió con la adopción masiva de cloud o con la proliferación de APIs pública. En cada uno de esos momentos hubo una ventana en la que las vulnerabilidades se multiplicaron antes de que las prácticas de seguridad se integraran de forma natural en los flujos de trabajo.

Ahora ese ciclo se está repitiendo, pero con la particularidad de que ocurre en ambos extremos simultáneamente: más atacantes capaces de ejecutar cosas complejas, más superficie construida sin los controles adecuados. Y equipos de seguridad que, según el informe de 2026, en el 66% de los casos admiten no tener confianza sólida en su capacidad de detectar y responder a amenazas en tiempo real.

La ventana que existe ahora

No creo que la lectura correcta de todo esto sea alarmista. Es más bien una observación sobre el momento.

Hay una ventana abierta para los profesionales que entiendan los dos lados de este desequilibrio — cómo se construye de forma segura con las herramientas actuales y cómo ese contexto cambia el perfil del que puede estar al otro lado. Cuando las herramientas maduren, cuando los flujos de desarrollo integren validación de seguridad de forma más natural, cuando el criterio se distribuya mejor, esa ventana se irá cerrando. Pero ahora mismo está abierta.

El 74% de las organizaciones reporta escasez activa de talento cualificado en ciberseguridad. El 77% lo identifica como una preocupación alta a nivel sectorial. Esa escasez no es estática — es la consecuencia de un campo que ha cambiado de forma más rápida que los sistemas que forman a las personas para trabajar en él.

Lo que eso genera, para quien esté pensando en formarse o en cómo desarrollar su equipo, es una oportunidad real.

En The Bridge llevamos tiempo pensando en cómo formar ese perfil. No como una respuesta al último informe del sector, sino porque es la conversación que llevamos teniendo con empresas y profesionales desde hace tiempo. Trabajamos con las organizaciones que luego van a contratar — lo que nos permite diseñar formación desde el problema real, no desde un temario estándar — con el respaldo académico de la Universidad Autónoma de Madrid y con el apoyo de administraciones públicas que hacen posible que esa formación llegue a quien más la necesita. La ciberseguridad siempre ha exigido aprender continuamente. Lo que cambia ahora es qué hay que aprender y por qué.

Fuentes: Fortinet, «2025 Global Cybersecurity Skills Gap Report» (octubre 2025) y Fortinet/Cybersecurity Insiders, «2026 State of Cloud Security Report» (enero 2026).

¿Dónde ves tú el mayor cambio en el perfil de amenaza — en la velocidad o en quién puede ejecutar ataques sofisticados? Me interesa el debate en comentarios.

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Alvaro Pastor

Manager de coordinación académica & tech en The Bridge

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Datos de referencia: Fortinet — «2025 Global Cybersecurity Skills Gap Report» (1.850 decisores en 29 países) y «2026 State of Cloud Security Report» (1.163 líderes de ciberseguridad a nivel mundial).

Hay una narrativa que se repite en casi todos los informes de ciberseguridad que he leído en los últimos meses: la IA permite a los atacantes moverse más rápido que las defensas humanas.

Es una frase que suena bien y que técnicamente tiene parte de verdad. Pero creo que apunta al síntoma equivocado. Y que mientras sigamos enfocándonos en la velocidad, vamos a seguir formando profesionales para el problema de ayer.

Lo que ha cambiado realmente

Los scanners de vulnerabilidades existen desde los años noventa. El fuzzing automatizado, los exploits en cadena, las herramientas que mapean superficies de ataque a gran escala — nada de eso es nuevo. La automatización ofensiva lleva décadas con nosotros. Si el problema fuera solo la velocidad, ya lo habríamos visto venir mucho antes.

Lo que me parece más interesante preguntarse — y más honesto — es qué ha cambiado realmente.

Durante mucho tiempo, la sofisticación de un ataque dependía directamente de la sofisticación del atacante. Identificar un XSS basado en DOM requería entender el flujo de datos en el frontend, conocer qué funciones son peligrosas, saber dónde mirar. Encadenar una mala configuración de permisos con un token de scope excesivo para construir un vector de ataque real requería experiencia acumulada, no solo herramientas. Leer código mal ofuscado y entender qué hace era una habilidad que se tardaba años en desarrollar.

Esa distancia entre el atacante amateur y el atacante capaz era, en la práctica, una de las defensas reales del ecosistema. No la única, pero sí una significativa.

La IA ha comprimido esa distancia. No porque automatice el ataque en sí, sino porque democratiza el razonamiento técnico detrás de él. Alguien que antes no habría sabido por dónde empezar ahora puede construir ese razonamiento con ayuda. Y eso cambia el perfil de amenaza de una forma que los dashboards de velocidad de respuesta no capturan bien.

Los informes de Fortinet lo reflejan en los datos aunque no siempre lo nombren así: el 86% de las organizaciones sufrió al menos una brecha en 2024, con un 28% reportando cinco o más. Es un incremento significativo desde 2021. Y la causa que más organizaciones citan no es la sofisticación técnica del atacante. Es la falta de formación interna — citada por el 54%.

El otro lado del péndulo

Hay un segundo efecto que creo que merece más atención de la que recibe, y que el Fortinet 2026 Cloud Security Report empieza a documentar sin nombrarlo completamente.

La misma tecnología que facilita atacar también facilita construir. Y construir sin criterio de seguridad.

Hoy es posible desplegar una aplicación en producción con herramientas generativas sin tener una comprensión real de lo que se ha generado, de cómo funciona, ni de cómo validarlo desde un punto de vista de seguridad. El informe de 2026 señala que las malas configuraciones, los permisos excesivos, las identidades no gestionadas y las llamadas API no monitorizadas son ahora las principales causas de brechas cloud. No sólo los zero-days. 

El resultado es más superficie atacable, gestionada por personas con menos contexto sobre seguridad.

No es un fenómeno nuevo. Es el péndulo de siempre: la tecnología avanza más rápido que la madurez colectiva para usarla con criterio. Ocurrió con la adopción masiva de cloud o con la proliferación de APIs pública. En cada uno de esos momentos hubo una ventana en la que las vulnerabilidades se multiplicaron antes de que las prácticas de seguridad se integraran de forma natural en los flujos de trabajo.

Ahora ese ciclo se está repitiendo, pero con la particularidad de que ocurre en ambos extremos simultáneamente: más atacantes capaces de ejecutar cosas complejas, más superficie construida sin los controles adecuados. Y equipos de seguridad que, según el informe de 2026, en el 66% de los casos admiten no tener confianza sólida en su capacidad de detectar y responder a amenazas en tiempo real.

La ventana que existe ahora

No creo que la lectura correcta de todo esto sea alarmista. Es más bien una observación sobre el momento.

Hay una ventana abierta para los profesionales que entiendan los dos lados de este desequilibrio — cómo se construye de forma segura con las herramientas actuales y cómo ese contexto cambia el perfil del que puede estar al otro lado. Cuando las herramientas maduren, cuando los flujos de desarrollo integren validación de seguridad de forma más natural, cuando el criterio se distribuya mejor, esa ventana se irá cerrando. Pero ahora mismo está abierta.

El 74% de las organizaciones reporta escasez activa de talento cualificado en ciberseguridad. El 77% lo identifica como una preocupación alta a nivel sectorial. Esa escasez no es estática — es la consecuencia de un campo que ha cambiado de forma más rápida que los sistemas que forman a las personas para trabajar en él.

Lo que eso genera, para quien esté pensando en formarse o en cómo desarrollar su equipo, es una oportunidad real.

En The Bridge llevamos tiempo pensando en cómo formar ese perfil. No como una respuesta al último informe del sector, sino porque es la conversación que llevamos teniendo con empresas y profesionales desde hace tiempo. Trabajamos con las organizaciones que luego van a contratar — lo que nos permite diseñar formación desde el problema real, no desde un temario estándar — con el respaldo académico de la Universidad Autónoma de Madrid y con el apoyo de administraciones públicas que hacen posible que esa formación llegue a quien más la necesita. La ciberseguridad siempre ha exigido aprender continuamente. Lo que cambia ahora es qué hay que aprender y por qué.

Fuentes: Fortinet, «2025 Global Cybersecurity Skills Gap Report» (octubre 2025) y Fortinet/Cybersecurity Insiders, «2026 State of Cloud Security Report» (enero 2026).

¿Dónde ves tú el mayor cambio en el perfil de amenaza — en la velocidad o en quién puede ejecutar ataques sofisticados? Me interesa el debate en comentarios.